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Pausa

By 19 de junio de 2020No hay comentarios

Este viaje es por una carretera del Sur de Francia, esas que van de pueblo a pueblo con grandes y viejos plataneros a lado y lado. Los rayos del sol del verano atraviesan entre sus hojas. Yo llevo mis típicas gafas de sol, ella lleva lágrimas.

Suena Pausa de Izal en bucle y cada estrofa inunda el coche resonando en nuestros corazones tan polarizados como nunca antes. Hoy —algún tiempo después—, al escuchar esa preciosa, cruda e íntima canción, no deja de reproducir el recuerdo de ese camino como un escalofrío en mi cuerpo.

Ninguno de nosotros hubiese pensado que después de pasar un verano precioso en el Pirineo Catalán y camino a visitar a la familia francesa de ella, nuestros sentimientos nos quisiesen llevar por caminos tan distintivos.

Yo —y como es típico en mí—, abrazo con tanta fuerza un sentimiento que me cuesta soltarlo; y por abrazar, también lo hago con los recuerdos de un tiempo pasado que no volverá. Ha sido un cúmulo de cosas: la vida que pasa sin conseguir algo verdaderamente importante; la presión de la reciente bi-paternidad, la reticencia a darme cuenta de que yo es plural; saber que ella ya no es solo mi pareja, sino la madre de esas dos preciosas y acaparadoras niñas; el hecho de que aunque no lo quiera tengo que rendir cuentas como si tuviera 15 años; darme cuenta de que soy un adulto y que quizá he conseguido todo aquello que reticentemente deseaba y temía: una familia.

abrazo con tanta fuerza un sentimiento que me cuesta soltarlo

Ella se ha entregado siempre —el mejor copiloto— pero ahora ella quiere conducir y me da rabia porque lo hace mejor y conoce mejor el camino. Ella me pide una dulce mentira, yo toda la verdad. Los dos vemos caminos diferentes: para mí el camino de la perpetuación de la especie ha acabado —en otro viaje os explicaré por qué. A ella su instinto se lo impide.

Por el momento, el camino común es por el que seguimos transitando, somos 4 y es algo que yo tengo clarísimo que quiero mantener. Seguiremos siendo 4 conmigo, o 3 + lo que ella quiera.

En nuestros retrovisores cada uno tiene su camino, lo vemos, y también vemos el recuerdo de esa conversación, esa melodía y esas lágrimas. Ella pide una dulce mentira, yo le he dado mi verdad.

+ Andrés

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